* Por Ariel Torti
Analizar el presupuesto municipal 2012 en torno a los montos previstos
para las diferentes áreas de la gestión de gobierno, sin conocer los proyectos que sustentan esas partidas presupuestadas, es un ejercicio que invita a la pura imaginación. Es sabido que tanto en la gestión pública, como en la gestión social de las ONGs y en el gerenciamiento empresarial, el momento de presupuestar siempre es posterior al proceso de planificación. Asignarle dinero a la nada, puede ser mucho o poco en relación a las subjetividades de quien juzgue lo que habría que hacer en tal o cual área municipal. La fragilidad programática hace que el análisis presupuestario no pueda cotejarse con la política de desarrollo local –si es que la tuviese- que impulsa el gobierno.
¿Cuál es la estrategia de desarrollo urbanístico que validan o hacen objetable que haya asignado para el presente año $3.000.000 para pavimento y cordón cuneta?
¿Qué desafíos de fortalecimiento vendrán para el vecinalismo al contemplar $100.000 en la partida “centros vecinales”? Un dato: en el 2011 hubo presupuestados $190.000 de los cuales se imputaron $0.
¿Cuál es el plan de desarrollo profesional y humano que justifican que la planta política del Municipio se auto aplique un aumento del 80% en sus dietas?
¿Los $270.000 asignados al Parque Tau se sustentan en qué proyecto socio-educativo ambiental? ¿Está definido y escrito el proyecto de mejoramiento de su infraestructura?
Puede insinuarse que $100.000 para becas universitarias es poco; ¿pero desde qué criterios, programas y evaluaciones se vienen asignando recursos para fortalecer el proceso de inserción académica de jóvenes con menos oportunidades educativas? Vale destacar que en 2011 la partida “becas universitarias” contemplaba el mismo monto ($100.000), de los cuales se asignaron en todo el año $44.075. Puede aseverarse sin temor a equivocarse que la diferencia entre lo presupuestado e imputado obedece a la falta de proyecto; lo que luego se traduce en una gestión que naufraga desapasionadamente en la tarea administrativa de asignar un puñado de becas.
¿Cuál es el proyecto cultural para la ciudad que se articulará con los $364.000 presupuestados para el corriente año? La precaria especificación de las partidas presupuestarias de cultura muestra la ausencia de -al menos- un esquema programático que guíe lo político. Administrar lo ya dado viene siendo la lógica que impone el presupuesto al encorsetar bajo nombres de nula significancia sus partidas: “publicidades y auspicios” ($40.000), “homenajes y cortesías” ($40.000), “subsidios y subvenciones varias” ($130.000), etc. Administrar repartiendo reactivamente es lo opuesto a una política cultural estratégica para la ciudad. Es por ello que si hubiese margen para definir un proyecto cultural estratégico para Bell Ville (el cargo está en concurso), eso implicaría ajustar esa búsqueda con lo que ya indica el excel enviado por la Secretaría de Finanzas del Municipio.
¿Cuál es el proyecto socio-deportivo del Municipio para definir si $ 98.500 son mucho o poco? Claro que es posible advertir la imposibilidad de proponer una sólida política deportiva con $8.200 por mes. Pero, ¿se contemplan –por ejemplo- sinergias presupuestarias con otras áreas como Desarrollo Social o Cultura? La Dirección de Deportes tuvo en el 2011 un presupuesto de $106.500 de los cuales sólo se imputaron $36.345,86. Es decir que la inversión directa según el balance y cuadros de gastos ejecutados al 30 de diciembre de 2011 indican que Deportes invirtió $3.028 por mes (sin contar sueldos del personal). La imputación del 35 % de lo presupuestado quizás sea producto de un combo propio de las ciudades que atrasan: a) si no hay proyecto no hay donde imputar, b) la centralización de la anterior gestión convertía en mendicantes a Secretarios y Directores (monopolio de chequera mata gestión). Necio sería creer -y defender- que con ese dinero puede ejecutarse una política deportiva saludable para el conjunto de los bellvillenses. ¿Será por eso que algunas de las actividades anuales como la maratón por el aniversario de la ciudad tienen apoyo logístico y presupuestario de privados; como es el caso de los Corredores de la Reserva Parque Tau y la Fundación Cargill? ¿O es que los privados terminan definiendo la vacua agenda de la Dirección de Deportes?
Los proyectos o programas, y sus respectivos cronogramas operativos, son el norte de imputación de los dineros públicos. No tenerlos definidos hace rígida e ineficiente a una gestión; y vuelve intangible el control ciudadano sobre la administración municipal. Por ejemplo, ¿cómo seguir la gestión de la Dirección de Deportes si no tenemos en mano el proyecto político en marcha? ¿Cómo hacer uso de la figura de “revocatoria”–prevista en el Artículo 203 de la Carta Orgánica Municipal- si no podemos medir la efectividad de una gestión de gobierno a partir de proyectos tangibles? Ciudades como Bogotá, San Pablo, Maipú y la ciudad de Mendoza e incluso Córdoba desde el año pasado, cuentan con ordenanzas que le imponen a los ejecutivos la obligación de presentar un “Plan de Metas”, es decir un proyecto operativo realizable que haga que las promesas de campaña y las frondosas plataformas electorales se vuelvan asibles para la ciudadanía y operativas para la gestión municipal. Es decir, pasar de la enunciación abstracta “ejecutaremos una política de forestación en toda la ciudad” a la meta concreta: “en el primer año de gobierno colocaremos 600 árboles en tales barrios”.
El presupuesto es la traducción en términos de recursos monetarios de la acción de gobierno. Plantearlo al revés es “poner el carro delante del caballo”. No obstante negar que la actual administración abrió el juego de la gestión del Estado local sería faltar a la verdad. Da la sensación que esa apertura permitiría avanzar con una definición política de fondo: que todas las áreas ejecutivas presenten públicamente su proyecto anual a la par del presupuesto asignado. De lo contrario, imaginar las políticas públicas que implementará la actual gestión -con un presupuesto de $113.000.000- será el camino de los ciudadanos.
*Integrante del EDE Bell Ville (Encuentro por la Democracia y la Equidad).














